sábado, 17 de abril de 2010

Las curvas del futuro & el futuro de las curvas.

El futuro le tiene miedo a las curvas. Y a los pozos. Por eso la nueva arquitectura del pensamiento, las nuevas directrices de la política mundial, las nuevas imposiciones ideológicas, las nuevas campañas de marketing quieren llegar ya a su objetivo, quieren velocidad, quieren futuro ahora. Y el futuro se gesta, se gesta con la gesta de la lucha cotidiana, es una gestación que permite madurar, pensar, repensar y disminuir el paso cuando necesitamos vislumbrar la curva, calcularla, conocerla, disfrutarla.


Ésta nueva ideología desideologizada es peligrosa, aunque parezca que lo peligroso siempre fueron y son las curvas, la recta nos anula los reflejos, la capacidad de reacción, el alerta cerebral y sensorial que como seres humanos necesitamos para captar los cambios de la realidad, del pensamiento, lo que nos hace precisamente humanos, racionales y capaces de evolucionar.


La recta nos facilita tanto el camino que acaba por hacernos acelerar a fondo en la ruta vital, es tan cómoda que nos hace olvidar la velocidad cada vez mayor que estamos alcanzando. Y ese embotamiento por exceso de comodidad hace que no nos mate la curva, sino la facilidad de la recta, su uniformidad, su falta de diversidad. 


Ese letargo provocado (y aceptado por muchos de nosotros) acaba por lograr ese sopor de la razón hacia todo lo importante de la vida, y acabamos por dormirnos. Y así morimos, vivos. Despiertos pero sumisos como el más muerto de los objetos en los que nos pretende convertir el neocapitalismo.


Los nuevos carteles de las rutas no lo dicen, pero deberían anunciar: «Relájese, no piense, los próximos mil kilómetros son una perfecta recta pronunciada. Disfrute del infinito, de la nada. Toda para usted.» Esas son las nuevas rectas, más derechas, mucho más (de) derechas. Con una superficie perfectamente lisa, superficialmente perfectas. El fin de la razón. 

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